viernes, mayo 18, 2012

Konex: ya se conocen los 100 premiados en Artes Visuales


Konex: ya se conocen los 100 premiados en Artes Visuales

Serán reconocidos por su trayectoria Quino, Marta Minujín y Testa, entre otros.

Los premios Konex, uno de los más prestigiosas de la Argentina, ya tiene su listado de premiados del 2012, año en el que se galardona a representantes de las Artes Visuales del último decenio. Además, también se conoció la nómina de quienes serán reconocidos por su trayectoria, como Quino, Marta Minujín y Clorindo Testa, entre otros. La ceremonia se realizará el 4 de septiembre, cuando los 100 premiados de las distintas disciplinas reciban su diploma. Las personalidades son: 
Pintura : Diana Dowek, Jorge Pietra, Rogelio Polesello, Alejandro Puente, Luis Tomasello, Carlos Gorriarena (Post Mortem), Tulio de Sagastizábal, Fermín Eguía, Daniel Santoro, Pablo Siquier, Juan Andrés Videla, Leopoldo Presas (Post Mortem).
Escultura: Jorge Gamarra, Norberto Gómez, Pájaro Gómez, María Juana Heras Velasco, Marie Orensanz, Pablo Suárez (Post Mortem), Miguel Harte, Ricardo Longhini, Edgardo Madanes, Pablo Reinoso, Adrián Villar Rojas, Aurelio Macchi (Post Mortem).
Dibujo: Carlos Alonso, Ernesto Ballesteros, Mónica Millán, Armando Sapia, Eduardo Stupía, Mildred Burton (Post Mortem).
Grabado: Lorenzo Amengual, Alfredo Benavidez Bedoya, Eduardo Iglesias Brickles, Lucrecia Orloff, Susana Rodríguez.
Arte Textil: Leo Chiachio-Daniel Giannone, Marina De Caro, Susana Nancy Dragotta, Roberto Fernández, Analía Segal.
Arte Conceptual: Mirtha Dermisache, Roberto Elía, León Ferrari, Margarita Paksa, Horacio Zabala, Luis Fernando Benedit (Post Mortem), Leandro Katz, David Lamelas, Jorge Macchi, Liliana Porter, Juan Carlos Romero.
Instalación: Leandro Erlich, Sebastián Gordín, Karina Peisajovich, Graciela Sacco, Mariano Sardón, Sergio Avello y Carlos Gallardo (Post Mortem) Arquitectura : Juan Manuel Borthagaray, Estudio Bertolino-Barrado, Estudio Bórmida&Yanzón, Estudio Gerardo Caballero-Maite Fernández, Estudio Urgell-Penedo-Urgell, Mario Roberto Álvarez (Post Mortem), Mario Corea, Ignacio Dahl Rocha, Estudios Aisenson y Moscato-Schere, César Pelli.
Diseño Gráfico: Juan Lo Bianco, Manuela López Anaya, Marius Riveiro Villar, Alfredo Saavedra, Lorenzo Shakespear.
Industrial: Diana Cabeza, Juan Cavallero, Federico Churba, Hugo Kogan, Alejandro Sarmiento.
De Indumentaria: Martín Churba, Pablo Ramírez, Manuela Rasjido, Mariano Toledo, Varanasi.
Humor e Historieta: Horacio Altuna, Caloi (Post Mortem), Tute, Crist, Liniers, Roberto Fontanarrosa (Post Mortem), Francisco Solano López (Post Mortem).
Ilustración: Bianki, Enrique Breccia, Carlos Nine, Miguel Repiso (Rep), Luis Scafati, Andrés Cascioli (Post Mortem).
Fotografía: Facundo de Zuviría, Oscar Pintor, Juan Travnik, Dani Yako ( editor deClarín), Marcos Zimmermann, Ananké Asseff, Laura Glusman, Marcos López, Esteban Pastorino, Res, Humberto Rivas (Post Mortem).
Video Arte : Nicola Costantino, Andrea Juan, Silvia Rivas, Graciela Taquini, Carlos Trilnick.
Entidades: Bienal del Chaco, Centro Cultural Parque de España, Museo Franklin Rawson, Palais de Glace, Parque de la Memoria.
Trayectoria: Gyula Kosice, Quino, Tomás Maldonado, Marta Minujín, Josefina Robirosa, Clorindo Testa.
De Honor: Carmelo Arden Quin.
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miércoles, mayo 16, 2012

Premio Konex 2012 para Mildred Burton


PREMIOS KONEX 2012: ARTES VISUALES

Ya se conocen los 100 premiados


Notas de prensaLos 100 premiados | Gran Jurado
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El Presidente de la Fundación Konex, Dr. Luis Ovsejevich y el Presidente del Gran Jurado de los Premios Konex 2012, Luis Felipe Noé, desean comunicar que el Gran Jurado ha premiado a las 100 personalidades y 5 instituciones más destacadas de la última década de las Artes Visuales Argentinas (2002-2011), conformada por la designación de quintetos en veintiún disciplinas.
La selección de las 100 figuras estuvo a cargo del Gran Jurado presidido por Luis Felipe Noé e integrado por 20 destacadas personalidades, 10 artistas y 10 figuras del periodismo y la crítica de arte. Todos ellos se han autoexcluido a ser premiados, gesto que la Fundación Konex destaca y agradece.
Asimismo, el Gran Jurado eligió como Konex de Honor, destinado a una persona de sobresaliente relieve fallecida en la última década, a:

Carmelo Arden Quin

También el Gran Jurado concedió Menciones Especiales por Trayectoria a las personalidades que por su desempeño y aporte a las Artes Visuales de la Argentina, trascienden esta última década. En esta ocasión, resultaron premiados:

Gyula Kosice
Joaquin Lavado (Quino)
Tomás Maldonado
Marta Minujín
Josefina Robirosa
Clorindo Testa

Esta es la cuarta oportunidad en que la actividad de Artes Visuales es considerada. Las ediciones anteriores tuvieron lugar en 1982, 1992 y 2002.
La entrega de los Premios Konex – Diplomas al Mérito 2012: Artes Visuales se realizará el martes 4 de Septiembre a las 19 horas en la Ciudad Cultural Konex. De esta manera, la Fundación Konex continúa con las entregas anuales de los Premios Konex, siendo esta la 33º edición.
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Los 100 premiados


1- Pintura: Quinquenio 2002-2006

Diana Dowek
Jorge Pietra
Rogelio Polesello
Alejandro Puente
Luis Tomasello
Carlos Gorriarena (Post Mortem)

2- Pintura: Quinquenio 2007-2011

Tulio de Sagastizábal
Fermín Eguía
Daniel Santoro
Pablo Siquier
Juan Andrés Videla
Leopoldo Presas (Post Mortem)

3- Escultura y Objeto: Quinquenio 2002-2006

Jorge Gamarra
Norberto Gómez
Pájaro Gómez
María Juana Heras Velasco
Marie Orensanz
Pablo Suárez (Post Mortem)

4- Escultura y Objeto: Quinquenio 2007-2011

Miguel Harte
Ricardo Longhini
Edgardo Madanes
Pablo Reinoso
Adrián Villar Rojas
Aurelio Macchi (Post Mortem)

5- Dibujo

Carlos Alonso
Ernesto Ballesteros
Mónica Millán
Armando Sapia
Eduardo Stupía
Mildred Burton (Post Mortem)

6- Grabado

Lorenzo Amengual (Lolo)
Alfredo Benavidez Bedoya
Eduardo Iglesias Brickles
Lucrecia Orloff
Susana Rodríguez

7- Arte Textil

Leo Chiachio - Daniel Giannone
Marina De Caro
Susana Nancy Dragotta
Roberto Fernández
Analía Segal

8- Arte Conceptual: Quinquenio 2002-2006

Mirtha Dermisache
Roberto Elía
León Ferrari
Margarita Paksa
Horacio Zabala
Luis Fernando Benedit (Post Mortem)

9- Arte Conceptual: Quinquenio 2007-2011

Leandro Katz
David Lamelas
Jorge Macchi
Liliana Porter
Juan Carlos Romero

10- Instalación

Leandro Erlich
Sebastián Gordín
Karina Peisajovich
Graciela Sacco
Mariano Sardón
Sergio Avello (Post Mortem)
Carlos Gallardo (Post Mortem)

11- Arquitectura: Quinquenio 2002-2006

Juan Manuel Borthagaray
Estudio Bertolino - Barrado
Estudio Bórmida & Yanzón
Estudio Gerardo Caballero - Maite Fernández
Estudio Urgell - Penedo - Urgell
Mario Roberto Álvarez (Post Mortem)

12- Arquitectura: Quinquenio 2007-2011

Mario Corea
Ignacio Dahl Rocha
Estudio Aisenson
Estudio Moscato - Schere
César Pelli

13- Diseño Gráfico

Juan Lo Bianco
Manuela López Anaya
Marius Riveiro Villar
Alfredo Saavedra
Lorenzo Shakespear

14- Diseño Industrial

Diana Cabeza
Juan Cavallero
Federico Churba
Hugo Kogan
Alejandro Sarmiento

15- Diseño de Indumentaria

Martín Churba
Pablo Ramírez
Manuela Rasjido
Mariano Toledo
Varanasi

16- Humor e Historieta

Horacio Altuna
Carlos Loiseau (Caloi)
Juan Matías Loiseau (Tute)
Cristóbal Reinoso (Crist)
Ricardo Siri (Liniers)
Roberto Fontanarrosa (Post Mortem)
Francisco Solano López (Post Mortem)

17- Ilustración

Diego Bianchi (Bianki)
Enrique Breccia
Carlos Nine
Miguel Repiso (Rep)
Luis Scafati
Andrés Cascioli (Post Mortem)

18- Fotografía: Quinquenio 2002-2006

Facundo de Zuviría
Oscar Pintor
Juan Travnik
Dani Yako
Marcos Zimmermann
Humberto Rivas (Post Mortem)

19- Fotografía: Quinquenio 2007-2011

Ananké Asseff
Laura Glusman
Marcos López
Esteban Pastorino
Res

20- Video Arte

Nicola Costantino
Andrea Juan
Silvia Rivas
Graciela Taquini
Carlos Trilnick

21- Entidades de Artes Visuales

Bienal de Escultura del Chaco - Fundación Urunday
Centro Cultural Parque de España
Museo Provincial de Bellas Artes Franklin Rawson
Palais de Glace
Parque de la Memoria - Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado

Menciones Especiales por Trayectoria

Gyula Kosice
Joaquin Lavado (Quino)
Tomás Maldonado
Marta Minujín
Josefina Robirosa
Clorindo Testa

Konex de Honor

Carmelo Arden Quin
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Próximo paso


Con posterioridad a la entrega de los Premios Konex - Diplomas al Mérito, se procederá a la elección de los Konex de Platino y el Konex de Brillante.  El Gran Jurado elegirá en cada uno de los 21 quintetos premiados a la personalidad e institución que ostente la trayectoria más significativa. Estas recibirán el Konex de Platino. Entre las 20 personalidades, se seleccionará a la más destacado de todas, quien recibirá el Konex de Brillante, máximo galardón que otorga la Fundación Konex.
El Acto Culminatorio de los Premios Konex 2012: Artes Visuales tendrá lugar en el mes de noviembre.
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El Gran Jurado


El Gran Jurado de los Premios Konex 2012: Artes Visuales está constituido por su Presidente Luis Felipe Noé, más 20 destacadas personalidades, 10 artistas y 10 figuras del periodismo y la crítica de arte. La mayoría de sus miembros han sido Premio Konex en ediciones anteriores. Cabe señalar que, al haber aceptado ser jurados, los integrantes se han autoexcluido a la posibilidad de ser premiados, gesto que la Fundación Konex agradece y destaca especialmente.

 

Integrantes del Gran Jurado

Presidente: Luis Felipe Noé
Secretario General: Ricardo Blanco
1- Ricardo Blanco
Premio Konex de Platino 2002 y Premio Konex 1992: Diseño Industrial.
2- Blas Castagna
Premio Konex de Platino 1992: Técnicas Mixtas: Quinquenio 1987-1991.
3- Rafael Cippolini
Ensayista.
4- María Teresa Constantin
Coordinadora del Espacio de Arte de la Fundación OSDE, institución que es Premio Konex 2008: Fundaciones Empresariales.
5- Alicia De Arteaga
Premio Konex de Platino 2007 y Premio Konex 1997: Artes Visuales.
Jurado Premios Konex 2008: Instituciones-Comunidad-Empresa.
Jurado Premios Konex 2002: Artes Visuales.
6- Alberto Giudici
Premio Konex 2007: Artes Visuales.
7- Facundo Gómez Minujín
Presidente del Consejo de Administración de arteBA Fundación, institución que es Premio Konex 2008: Entidades Culturales.
8- Berto González Montaner
Premio Konex 2007: Artes Visuales.
9- María Herrada
Premio Konex de Platino 2002: Arte Textil.
10- Fabián Lebenglik
Premio Konex 2007: Artes Visuales.
11- Adriana Lestido
Premio Konex 2002: Fotografía.
12- Matilde Marín
Premio Konex de Platino 1992: Grabado. 
Premio Konex 2002: Gráfica.
13- Eduardo Médici
Premio Konex 2002: Técnicas Mixtas: Quinquenio 1992-1996. 
Premio Konex 1992: Instalaciones.
14- Lucía Pacenza
Premio Konex 2002: Escultura: Quinquenio 1992-1996.
15- Emilio Rivoira
Premio Konex 2002: Arquitectura: Quinquenio 1992-1996.
16- Adriana Rosenberg
Directora de la Fundación PROA, institución que es Premio Konex - Mención Especial 2002: Artes Visuales.
17- Diana Saiegh
Directora del Museo de Arte de Tigre.
18- Fernando Sendra
Premio Konex 2002 y 1992: Humor Gráfico.
19- Ronald Shakespear
Premio Konex 1992: Diseño Gráfico
20- Diana B. Wechsler
Directora de la Especialización y Maestría en Curaduría en Artes Visuales de la Universidad Nacional de Tres de Febrero.

jueves, mayo 10, 2012

La familia del sentenciado (Museo Nac. de Bellas Artes)

Mildred Burton
La familia del sentenciado
Acrílico sobre cartón, 68 x 50, 48,5 x 38, 68,5 x 58 cm.
Museo Nacional de Bellas Artes.

La figuración de los años setenta 

“Los años setenta testimoniaron desde el comienzo un clima político turbulento: el regreso de Juan D. Perón entre dos dictaduras militares, guerrillas, represión y terrorismo de Estado. Muchos intelectuales y artistas argentinos se exiliaron y otros continuaron su trabajo en el país de manera silenciosa y resistente.

La perspectiva de este período ha cambiado de manera sucesiva con dinamismo (…) De una visión de arrasamiento, de generación diezmada, de campo cultural fracturado por los acontecimientos históricos, se ha pasado en los últimos años a una valoración específica de la producción de algunos artistas visuales al punto de haberse convertido en hitos paradigmáticos”, escribió Mercedes Casanegra.

En la misma década en que se afianza el conceptualismo, algunos artistas optan por la figuración para abordar el tema de los distintos tipos de violencia que atravesaron la experiencia vital de aquellos años.

Las sensaciones de desconcierto en los retratos de La familia del sentenciado, de Mildred Burton, y de extrañamiento en Juego interrumpido, de Guillermo Roux; el “autoexilio” en El día de la primera comunión, de Juan Pablo Renzi; los climas, amenazante en Pintura, de Fermín Eguía, y opresivo en Figura sentada, de Héctor Giuffré; la censura en los Amordazamientos de Alberto Heredia; la tortura en El mudo, de Juan Carlos Distéfano, y la turbación visceral en la obra de Norberto Gómez.

Vinculadas a situaciones concretas de la historia argentina reciente, estas obras promueven, explícita o sutilmente, experiencias estéticas del horror y convocan a la memoria de un tiempo intensamente atroz.

martes, febrero 07, 2012

Glusberg en positivo

MARTES, 7 DE FEBRERO DE 2012
OPINION


 Por Luis Felipe Noé
Un hombre público es siempre un hombre expuesto a todo tipo de crítica, pero, si además es un hacedor y proclive a decisiones determinantes, es un candidato seguro a ganarse amigos, admiradores y grandes enemigos.
En la Argentina, en el campo del arte no ha habido muchos hombres públicos que merezcan este nombre de manera categórica, pero con seguridad, se puede decir que Jorge Romero Brest y Jorge Glusberg –ambos ex directores del Museo Nacional de Bellas Artes– lo fueron. Por algo este último, que falleció el 2 de este mes, tenía como modelo al primero. Los dos hicieron del museo un organismo vivo y abierto a los artistas argentinos contemporáneos. Entre la dirección de uno y el otro, en cambio, hubo un paréntesis en el que ningún artista argentino que no hubiese fallecido podía exponer, amparándose en un reglamento inexistente. Por suerte, luego de la dirección de Glusberg, se continúa esta nueva tradición de exponer a los artistas contemporáneos. Sin embargo, había dos aspectos notoriamente diferentes entre uno y otro: Romero Brest era un didacta y un animador cultural; Jorge Glusberg fue un organizador nato de cuanto se le ocurriese hacer. Su doble personalidad de apasionado por la cuestión artística y particularmente por la arquitectura y su inteligencia comercial lo llevaron por un lado a crear una empresa de iluminación (Modulor), y por el otro, a fundar el Centro de Arte y Comunicación (CAYC). Esta institución, en las décadas de ’70 y ’80, fue un caldero de vanguardia como lo había sido el Di Tella en los años ’60, aunque naturalmente porque comprendía menos aspectos y tenía menos local, de manera un tanto más modesta que esta última. Le tocó vivir otros tiempos en el que ya no se creía en el desarrollismo y el presente era las dictaduras militares. Pero, he de notar que el CAYC nace en 1968 y el Instituto Di Tella, ubicado en la calle Florida, cierra en el año ’69. Fue una manera de decir que el espíritu de vanguardia nos seguía a pesar de las botas militares.
Allí nació el primer grupo de artistas conceptuales de la Argentina (grupo CAYC), que mereció el premio de honor Itamaratí de la XIV Bienal de San Pablo en 1977. Es así que en 1995 Glusberg recibe la medalla de oro de la muestra 30º Aniversario de la ONU en Yugoslavia y es designado codirector del Departamento de Arte de la Universidad de Nueva York.
Comenzaba así un reconocimiento como crítico de arte y autor de numerosos libros: entre otros, Mitos y magias del fuego, Del pop art a la nueva imagen, Orígenes de la modernidad, Moderno-posmoderno. Esta actividad lo llevó a ser presidente de la sección argentina de la Asociación Internacional de Críticos de Arte y corresponsal de numerosas revistas extranjeras, asimismo fue distinguido con las Palmas académicas (Francia 1986).
Desde el CAYC organizó numerosos encuentros internacionales de críticos de arte y también de arquitectura. Actividades que prolongó desde que fuera designado por concurso director del Museo de Bellas Artes (1994-2003). En ese cargo creó la Bienal Internacional de Arte, que tuvo lugar en los años 2001 y 2003, las que se expusieron no sólo en Buenos Aires, sino también en Córdoba y Neuquén, ciudades en las que había creado una delegación del museo. Continúa aún la de Neuquén.

Pero su carácter y sus decisiones, que dejaba a muchos relegados, llevaron a éstos a la calumnia y al odio, y hasta provocaron un programa de televisión infame, buscando su renuncia. Más aún, fraguaron el robo de las manos de Rodin, las que aparecieron mágicamente después, cuando “el golpe de Estado” había fracasado. Sin embargo, tuvo que enfrentar juicios de los cuales con los años salió “ileso”. Pero al final los enemigos consiguieron lo que buscaban, aunque él continuó su trabajo con el CAYC como sello, concentrándose particularmente en la arquitectura. Venía desde años haciendo la bienal de esta disciplina. Gracias a él vinieron a la Argentina arquitectos del nivel de Norman Foster, Richard Meier, Zaha Hadid, Jean Nouvel y Richard Rogers, entre otros. Y promovió la arquitectura argentina a tal punto que el gran arquitecto Mario Roberto Alvarez dijese: “Si Jorge Glusberg no hubiese existido, lo tendríamos que haber inventado”.

Para leer la nota en la versión digital del diario, hacer click aquí

jueves, enero 26, 2012

De azares, sueños y las ficciones

Martes 24 de enero de 2012

CULTURA / ESPECTACULOS › ARTISTAS DE LA DECADA DEL 20 HASTA EL SIGLO XXI EN EL CASTAGNINO.

Hasta el 27 de mayo en la planta baja del museo de Oroño y Pellegrini, se puede ver esta inquietante muestra colectiva que revisa las manifestaciones regionales y locales de tendencias poco revisitadas de la producción artística.


Por Beatriz Vignoli

Obras en todas las disciplinas de casi 50 artistas, en un recorte temporal que abarca desde la década del '20 del siglo XX hasta comienzos del XXI, pueden verse desde el 16 de diciembre hasta el 27 de mayo en la planta baja del Museo Castagnino (Bv. Oroño y Av. Pellegrini), institución que convocó a María Elena Lucero como curadora de una selección de la colección Castagnino Macro, sesgada por su mirada particular. El resultado es una inquietante muestra colectiva titulada De azares, sueños y ficciones, que revisa las manifestaciones regionales y locales de tendencias poco revisitadas de la producción artística moderna del siglo XX: aquellas que, aun manteniendo el rigor compositivo y formal de la época, se apartaron del racionalismo que prevalecía en el arte moderno y en cambio expresaron las subjetividades, incluidas las fantasías surgidas de reelaboraciones modernas de mitos y leyendas de la región. Todas las obras expuestas pertenecen a la colección Castagnino﷓Macro y en las cartelas se cuenta cómo y cuando ingresaron a la colección, ya sea a través de premios adquisición, programas de adquisición o donaciones de coleccionistas o de artistas. Vale la pena detenerse en estos datos, que permiten saber de los mecenas locales y de la prontitud con que incorporan las novedades artísticas al patrimonio de la ciudad.


Rubén Echagüe, La lección de anatomía. Grafito sobre papel.




María Elena Lucero es doctora en Humanidades y Artes, mención Bellas Artes, por la Universidad Nacional de Rosario, de cuya Escuela de Bellas Artes es directora desde el año pasado. Es además docente titular del Seminario de Arte Latinoamericano (UNR), dirige el Centro de Investigaciones y Estudios en Teoría Poscolonial y co dirige el Centro de Estudios Teórico﷓Críticos sobre Arte y Cultura en Latinoamérica (UNR). La selección de obras y la organización del trayecto visual en cuatro núcleos o secciones tuvo como colaboradoras, convocadas por Lucero dentro de la Escuela de Bellas Artes de la Facultad de Humanidades y Artes (UNR), a Virginia Gallizio y Elisabet Veliscek ("Atmósferas metafísicas"), Jaquelina Calamari y Laura Inés Catelli ("Ensoñaciones"), Nora Brossa y Mayra Gobbi ("Extrañeza y fascinación"), y Virginia Baronetti y María Florencia Llarrull ("Otras ficciones"). Lucero define estas cuatro categorías en su texto, que conviene leer antes de visitar la muestra y que puede consultarse en http://www.museocastagnino.org.ar/archivos/guion_lucero.pdf.
Surrealismo, pintura metafísica, expresionismos diversos configuran el lado B de los modernismos: los "contramodernismos", como escribe Hal Foster en Belleza Compulsiva. Y hoy, además, "regionalismo" ya no es mala palabra. Lucero lleva años investigando los modernismos latinoamericanos y en su marco teórico retoma el concepto de "itinerario" de la investigadora Diana Weschler, quien relee la historia del arte latinoamericano como mucho más que una copia de los modelos europeos. Territorios de diálogo, España, México, Argentina 1930﷓1945 (Entre los realismos y lo surreal) es un trabajo clave de Wexler en este contexto, que Lucero desarrolla con claridad; pero los textos de sus colaboradoras, si bien se hallan impresos a disposición del público, son de lectura mucho más difícil y oscura.
Una frase muy citada de Walter Benjamin en sus Tesis para una filosofía de la historia dice que la historia es una construcción cuyo punto de partida es el presente. La frase viene a la mente ante la primera sala, Atmósferas metafísicas, donde cuidadas composiciones de los pintores Emilio Centurión, Hugo Ottmann, Raquel Forner, Juan Berlengieri, Antonio Berni y Lino Enea Spilimbergo y del grabador Juan Batlle Planas, realizadas entre 1934 y 1959, se codean con una pintura de Jorge Di Ciervo de 1994. La lectura curatorial "metafísica" de la presencia recurrente de cabezas de yeso en muchas de estas obras está quizá sesgada por la cultura visual contemporánea, producto de una industria cultural que reprodujo las obras de Carrá y De Chirico a través de libros ilustrados; no hay forma de saber si Forner, Berni o Spilimbergo (antecedentes del surrealismo en Argentina, según investiga Guillermo Fantoni en un trabajo publicado en 1993) no estaban haciendo un mero "ejercicio plástico". Los críticos de aquella época tenían lecturas muy diferentes, formalistas, de estas obras.
"¿Dialogan realmente las épocas? ¿O es de ciencia ficción imaginarse puentes entre un suburbio al óleo de Leónidas Gambartes de 1944 y una foto desenfocada del Pont Neuf por Dino Bruzzone fechada en 1997" ¿Hay una verdadera conexión entre El calvario verde (1955) de Aquiles Badi y el Cementerio de ciervos (2008) de Arturo Aguiar" Sí las hay entre las naturalezas muertas de dos pintores de la escuela de La Boca, Eugenio Daneri y Fortunato Lacámera; también comparten una estructura de sentimiento neoexpresionista en común las pinturas gestuales de comienzos de los 80 por Juan Del Prete y por Leopoldo Presas, y se nota tras el barniz amarillento el parentesco entre dos obras matéricas informalistas surrealizantes de los años 60: una de Nicolás García Uriburu (antes de que pintara las aguas de verde) y otra de Antonio Seguí (antes de sus famosos hombrecitos de sombrero). De Guillermo Roux hay sorprendentes dibujos de los dos períodos; los más tempranos recuerdan a los collages de Max Ernst, y el más tardío dialogaría bien con ciertas pinturas de Juan Pablo Renzi.
Ernesto Deira y Miguel Dávila, de la Nueva Figuración, no parecen tener mucho que decirse con Miguel Harte, del Rojas, o con contemporáneos como Iván Calmet, Marula Di Como, Flavia Da Rin y la siempre revulsiva rosarina Nicola Costantino. Sí se hubieran entendido mejor con la abstracción antropomórfica de Aldo Paparella, más que con una Mildred Burton coyuntural cosecha 2001 o con una maja de Ramón Teves. Silvia Rivas, Juan Mathé, Fred Sapey﷓Triomphe, Judi Werthein y Leandro Erlich parecen perdidos en una fiesta ajena y el constructivismo lírico de Adolfo Nigro tiene solo el color en común (celestes grisáceos, que sobreabundan en la muestra lo mismo que los azules y los lilas) con una pintura temprana de Eduardo Médici.
Un par de rescates importantes tratan de obras de la escena local. Emilio Torti, en cuyo taller María Elena Lucero completó su formación como pintora a fines de los años 80, se luce con un hermoso monstruo de esa época pintado en Rosario y retoma el mismo tema en una obra digital de su período porteño, ya en este siglo. De Fabián Marcaccio y de Daniel García se ven sendos dibujos premiados (muy) de los años 80. Hay collages y dibujos de Rubén Echagüe que honran el imaginario del dandismo o aluden al último Oscar Herrero Miranda, que está representado con una obra de la época del Grupo Litoral. De Juan Grela, que también lo integró, se ve una obra tardía. Téngase en cuenta que se ha elegido de entre las incorporaciones a la colección municipal, que parecen haber seguido un camino bastante azaroso.
El español Jesús Marcos, que dirigió la galería Praxis entre 1977 y 1980, se luce con una pintura de ese período que hoy se deja leer como alegoría visual del genocidio, aunque difícilmente haya sido esa la intención; el efectismo de su vecino Alejandro Gómez Tolosa no hace sino realzar el raro acierto. Pompeyo Audivert y José Planas Casas merecían una sala de grabado junto a Batlle Planas; pero brillan igual junto a las páginas intervenidas por Alfredo Londaibere (pese a la falta de "química") las obras pioneras realizadas en Argentina por las fotógrafas alemanas Grete Stern y Annemarie Heinrich, de reciente adquisición gracias al programa Matching Funds. Además de ellas dos, se roba la muestra el video Drum solo (2000) de Liliana Porter.

viernes, octubre 07, 2011

El pintor sobrio del barrio de La Boca

Una nota publicada en Perfil en octubre de 2009, que menciona a Mildred.

exposicion

Hasta el 29 de noviembre el Museo de Bellas Artes Benito Quinquela Martín de la Boca exhibe una muestra que recorre la obra del artista plástico Fortunato Lacámera, destacado exponente de la Escuela de La Boca. La exposición reúne 60 obras que muestran los distintos momentos creativos en la vida del artista.

Por M.U.


En exhibición. Contraluz, 1948, es un óleo sobre madera.

La Boca es un barrio que siempre ha tenido un poderoso influjo sobre los artistas plásticos. Desde el emblemático Quinquela Martín hasta la inclasificable Mildred Burton, muchos fueron los creadores que lo eligieron como lugar en el mundo y como inspirador de su obra. Entre la larguísima lista de artistas “boquenses” destaca la figura de un hijo pródigo del barrio, Fortunato Lacámera, que nació y murió en ese laberinto de coloridos conventillos que conforma uno de los escenarios referenciales de la identidad porteña.
En estos días Lacámera está siendo objeto de una muestra-homenaje organizada conjuntamente por el Museo de Bellas Artes de la Boca, Benito Quinquela Martín, y la Fundación OSDE. Titulada Fortunato Lacámera. Itinerario hacia la esencialidad plástica, la exposición, que se extiende hasta el 29 de noviembre, reúne más de 60 obras que establecen un completo recorrido por sus distintas etapas creativas.
Pintor sobrio, que se sale de la paleta brillante característica de los artistas de La Boca, Lacámera (1887-1951) focaliza su estilo en lo sencillo, en elementos que surgen de la observación de la realidad. Plasma en sus pinturas imágenes de lo cotidiano, a las que siempre logra dotar de una poesía que lo aleja del mero registro documental, utilizando para ello una paleta de tonos bajos, abundantes claroscuros y formas sintéticas.
Desde su estudio con balcón hacia el viejo embarcadero, Lacámera retrató un mundo interior que estaba íntimamente asociado con la geografía de su barrio. Muestran esta manera de entender el arte obras como Interiores, Marinas, Paisajes urbanos y Naturalezas muertas, que conforman los puntos más altos de esta exposición que se organiza a través de momentos fundamentales de la producción de Lacámera: las primeras obras y el entorno anarquista, el final de la década del 20, su período más personal e introspectivo, el punto de inflexión en los años 30 y la influencia del novecento italiano, para finalmente centrarse en su última producción, marcada por los primeros paisajes de la rivera de Quilmes y de Isla Maciel.
Lacámera fue uno de los principales exponentes de la llamada Escuela de La Boca, un grupo de artistas que descubrió el poderoso filón pictórico que albergaba el barrio, con sus angostas calles desniveladas, las construcciones de chapa y madera siempre coloridas, los barcos y botes del puerto y sus trabajadores. Discípulo del italiano Alfredo Lazzari, que se instaló allí en 1897, y compañero de viaje de Victorica, Quinquela, Daneri y Cúnsolo. Lacámera ocupa un lugar clave en la historia del arte argentino y la impronta de su estilo se reconoce en reflexiones de la obra de artistas de generaciones posteriores, como Pablo Suárez, Fermín Eguía o Juan Pablo Renzi.


Fortunato Lacámera

Hasta el 29 de noviembre.
Museo de Bellas Artes de la Boca
Av. Pedro de Mendoza 1835.
Martes a viernes de 10 a 18. Sábados y domingos de 11 a 18.

domingo, junio 26, 2011

Un tesoro en el sótano (La Nación)

Bajo el microcentro porteño, en la Fundación Klemm, un centenar de obras espera al público

Viernes 10 de junio de 2011 | Publicado en edición impresa

 
 
Un tesoro en el sótano
Vista de la sala de la Fundación Klemm, con varias obras de Andy Warhol y otros importantes artistas de su colección.  / FOTOS GENTILEZA FUNDACIÓN KLEMMVer más fotos
Por Julio Sanchez

Para LA NACION

Salís del subte, bajás a este sótano y mirá lo que te encontrás: Magritte, Dalí, Picasso, De Chirico, Jeff Koons, Nan Goldin y Robert Mapplethorpe", dice con entusiasmo Fernando Ezpeleta, gerente cultural, junto con Valeria Fiterman, de la Fundación Federico Jorge Klemm. Desde hace unas semanas, cinco de las seis salas de este "sótano" de Plaza San Martín fueron remozadas por el arquitecto Gustavo Vázquez Ocampo, que rearmó el guión curatorial y sumó color al espacio.
¿De qué colección estamos hablando? "De la de un artista -continúa Ezpeleta-. Federico compraba lo que le gustaba, lo que le apasionaba, nunca trajo algo especulando con su valor."
Efectivamente, el recordado y querido Federico había hecho de su vida una performance continua. Era notable entre sus amigos del arte que asistían a las inolvidables fiestas de cumpleaños con shows de ópera a su cargo, leopardos vivos y musculosos performers . Su popularidad dio un salto cuantitativo con su programa de televisión, sus diálogos con el intrincado crítico de arte Carlos Espartaco, tan desopilantes como agudos, y sus simpáticos "furcios" repetidos una y otra vez en los informes televisivos.
Klemm recibió su primera obra de manos de Rosita, su venerada madre, quien le llevó una obra de Ernesto Deira para reconfortar los días de un Federico niño y convaleciente. De ahí en más, siguiendo la tradición de una familia centroeuropea cultivada y económicamente sólida, Federico no paró de comprar como un verdadero mecenas. Es decir, pagando un precio justo y sin presionar con el prestigio de su colección. Después de su muerte, en 2002, el acervo siguió creciendo con un premio adquisición por año.
¿Cuál es el guión diseñado por Vázquez Ocampo? Ante todo, cada sala tiene una pared o dos pintadas de un color potente, surgido a partir del color dominante de una obra; el resto de las paredes son blancas. La primera sala está dedicada a los retratos que Klemm le encargó al grupo Mondongo, Silvina Benguria, Rómulo Macció, Delia Cancela, Mildred Burton, las fotos de Humberto Rivas y Marcos López, y un autorretrato de Federico.
La segunda sala tiene obras surrealistas y de vanguardias históricas: Giorgio De Chirico, René Magritte, Salvador Dalí, Yves Tanguy, Pablo Picasso, Roberto Aizenberg. En el siguiente espacio se destacan maestros argentinos de la neofiguración: Antonio Berni, una escultura notable de Libero Badii y artistas internacionales como Willem de Kooning.
El estallido pop, equilibrado por una pared gris, copa la sala siguiente; hay obras de Andy Warhol (varias, ya que Federico lo consideraba su ídolo), Roy Lichtenstein y Tom Wesselmann; del nouveau realism francés están Arman e Yves Klein. Los destacados: una pareja desnuda y acostada del hiperrealista John de Andrea y un traje de fieltro de Joseph Beuys. El rojo de las fotos de Andrés Serrano domina el espacio siguiente, dedicado a la fotografía: Robert Mapplethorpe (ediciones vintage y firmadas por su autor), Nan Goldin, Richard Avedon, Man Ray y Oscar Bony, entre otros.
Por último, donde antes estaban las fotos de Federico hay pinturas de Guillermo Kuitca (raro autorretrato de cuando tenía 26 años), una escultura de Pablo Suárez (un perrito descansando en una caja de cartón); un Basquiat, dos fotos de Pierre et Gilles, una escultura de acero de Jeff Koons y obras de los representantes de la transvanguardia italiana -como Carlo Maria Mariani y Sandro Chia- que lideró en los años ochenta el crítico Achille Bonito Oliva, autor de El banquete telemático de la pintura , ensayo sobre la obra de Federico.
Hay un centenar de obras colgadas aquí. La entrada es libre y gratuita, al igual que los dos seminarios anuales que se dictan sobre temas de arte contemporáneo.
Ficha. Obras de la colección de la Fundación Klemm (Marcelo T. de Alvear 626), hasta fin de año.

miércoles, abril 06, 2011

Interesante mención a Mildred Burton

En el marco del Homenaje al pensamiento y al compromiso nacional, el filósofo Tomás Abraham publica sus impresiones al respecto de la muestra en el Diario Perfil y, cuanto menos, resultan curiosas. Y en medio de sus opiniones, menciona a Mildred Burton, junto a una pareja de nombres bien interesantes. Para entretenerse:

Domingo 27 de marzo de 2011

Política

El filósofo Tomas Abraham fue al Palais de Glace

Muestra peronista: disparen sobre el gorila

Imperdible recorrido por una virtual kermés oficial pomposamente titulada Homenaje al pensamiento y al compromiso nacional. Falsos mitos, decadencia e impostación berreta.

Por Tomás Abraham


El martes a las 16 hs, con 34 grados de sensación térmica, fui al Palais de Glace a la muestra Homenaje al pensamiento y al compromiso nacional. Es una idea de Enrique Albistur con la coordinación de Julieta Albistur y la asesoría de Pacho O’Donnell, Norberto Galasso y Jorge Coscia. Me habían dicho que era una muestra que evocaba a la cultura de Berlín de los años 30. Epoca pujante y rica en novedades artísticas, científicas y filosóficas, además de sorprendentes cambios políticos. La gente se asusta rápido.
Fui predispuesto a tomar distancia respecto de cierta “sensación” de fascismo que repercute últimamente en espíritus liberales. Me hablaron con espanto de un juego en el que se debía dispararle a un gorila. Fue lo mejor. Le arrojé diez veces una pelota al pecho del gorila y le emboqué ocho. Una perfomance envidiable hasta para un Guillermo Tell. Debo admitir que el objetivo estaba dispuesto para tiradores inexpertos.
Terrible y frustrante hubiera sido que el gorila alejado y convertido en un blanco móvil sorteara los disparos del pueblo argentino. Cada vez que le daba en el pecho salía de la pantalla un “AHHH” rojo, teñido de sangre, que certificaba mi puntería, expresaba el dolor del gorila y marcaba una cifra que, al irme, daba el resonante número 10.135. Deduzco que ya somos una decena de miles los que reventamos al gorila.
Podemos estar seguros de que, para esta muestra futurista, la idea de los responsables de este invento del pensamiento nacional era poner a Lilita Carrió en el prometedor espacio ocupado por el simio. Hubiera sido un golazo patriótico, pero sin duda era un riesgo inoportuno en momentos en que los medios monopólicos al servicio del neoliberalismo están al acecho del mínimo gesto del Gobierno para ensuciarlo ante la opinión pública.
Lamentablemente, el ambiente de kermés se limitó a ese jueguito. Puedo sumarle la gentileza de un par de señoritas que me ofrecieron unos anteojos para ingresar a una salita en la que podía apreciar el abrazo de Néstor y Cristina en 3D. No había nadie. Estaba solo. En realidad vi a una señora que daba vueltas por los cien afiches de la muestra. No hay mucho más en el convite. Se le suman un par de pantallas de televisión con documentos de Discépolo y otros, imágenes de Oesterheld y Carpani, palabras de Héctor Larrea, el anuncio de conferencias y películas que honran la memoria de Paco Urondo, Rodolfo Walsh, el padre Mugica y Ramón Carrillo.
Pero el evento tiene otro propósito. No se trata de mostrar una vez más lo que ya se vio innumerables veces sin sentido crítico y con una glosolalia resentida y oportunista, sino una invitación para coronar a Néstor y Cristina Kirchner como herederos y jefes de lo que bautizaron como pensamiento nacional, pensadores nacionales, luchadores nacionales, artistas nacionales, y de los que “concretaron su sueño”: Evita (1919-1952), Juan Domingo Perón (1895-1974) y Néstor Kirchner (1950-2010). No agregaron a Enrique Albistur porque es obvio que hace unos años que concreta sus sueños.
Yo no soy un pensador nacional, soy meramente argentino. Y por algún defecto que tengo –quizás un exceso de pelo en el pecho, pies que se parecen a mis manos y una afición a comer bananas mientras rujo y salto descontrolado en mi casa cuando la comida está fría–, de hacer una muestra cultural vernácula, se me habrían ocurrido presentar otros gloriosos nombres. De argentinos no nacionales como David Viñas, Martínez Estrada, Roberto Arlt, Fernando Fader, Astor Piazzola, Mildred Burton, Borges, Masotta, Halperín Donghi, Abelardo Castillo, Atahualpa Yupanqui, María Elena Walsh, César Aira, y otros creadores no nacionales y sí argentinos que admiro.
Esto no significa que no lea a Scalabrini, a Jauretche, a Puigrós y Abelardo Ramos. Los leo como también a Milcíades Peña, al padre Castellani, al padre Hernán Benitez, Ignacio Anzoátegui y Hugo Wast. El problema no son ellos, son éstos. El problema no son los de antes sino los de ahora. No los homenajeados sino los que homenajean. Un problema sin duda transitorio, ya que no creemos que serán objeto de honores similares por defender ellos también a la patria.

Gran DT. Hay una gran foto impresa en cartón con un equipo de fútbol con la camiseta argentina. Está formado por: Discépolo, Rodolfo Walsh, Perón, J.M. Rosa, Jauretche, Mugica, El Kadri, Ortega Peña, Urondo, Cooke y Néstor.
Me encanta el fútbol y armar equipos. Hace años escribí una nota en la que elegía un equipo con un planteo táctico 3-3-2-2. En el arco, John Casavettes o Alfredo Zitarrosa. Las líneas de tres: Fader, Monet y Turner; Nietzsche, R. Wagner y Artaud. Enganches: Mildred Burton y Foucault. María Callas y Fernando Pessoa de puntas. En el banco, Amalia Rodríguez, W. Gombrowicz, Bruno Schulz y Aristóteles. Para las giras, el jefe de la delegación era Bob Dylan. Director técnico: Francis Ford Coppola. Ayudante de campo: Federico Fellini. Preparador Físico: Woody Allen. Médico: Louis Ferdinand Céline. Kinesiólogo: Peter Sellers. Utilero: Jorge Luis Borges. Encargado de prensa: D.F. Sarmiento. Masajista: Ava Gardner. Intérprete de la masajista: Tomás Abraham.

Era un gran equipo. Hace más años aún, en la revista Babel, ante una requisitoria de escribir una prestigiosa nota sobre la cultura vienesa, propuse un equipo de temer bajo la dirección del entonces DT de la selección nacional, Carlos Salvador Bilardo. Un 4-4-2: Wittgenstein en el arco; Kokoschka, Berg, Schumpeter y Musil; Krauss, Zweig, Klimt y Otto Wagner; Freud con Herzl en la delantera. El ayudante de campo era un tal Adolfo del que me olvidé el apellido, pero no era Rodríguez Saá.
En fin, no hay como jugar a las figuritas para colaborar con el pensamiento nacional.
La idea de la muestra, de ésta y de las que armarán con todos los auspicios oficiales que haya, hoy gracias a Albistur, mañana gracias a Jaime, pasado mañana Moreno, pasado pasado por el mecenazgo de otro ser generoso, es la siguiente: el pensamiento nacional y los luchadores nacionales se jugaron la vida y el destino en la década del 70, cuando Albistur y compañeros eran jóvenes maravillosos.
Esta etapa de liberación nacional y popular fue abortada por el golpe militar genocida de 1976. No pudo renacer ni irrumpir en la escena nacional por culpa del europeísmo socialdemócrata del alfonsinismo. Cuando parecía despertarse ante la nueva aurora, gracias a los carapintadas primero y al Facundo emponchado y empatillado del ’89, el caudillo traiciona a la patria y la vende al neoliberalismo.
La lucha continúa. El vacío delarruista da por terminadas esas ínfulas socialdemócratas y, tras una serie de cabildeos, llega un salvador de la patria. Néstor, así nomás, un solo nombre, y Cristina, su abnegada compañera.
Néstor y Cristina son ungidos como los nuevos perones y evitas. Los demás son unos gorilas, cipayos, neoliberales, menemistas, nuevas derechas, procesistas. Y esto recién comienza. Es una oportunidad histórica. Toda una gesta nacional viene preparando el momento. ¿Será de liberación? ¿De quién? ¿De los chinos? ¿De Clarín? ¿De Macri? ¿De la Mesa de Enlace? ¿De Falcioni?
Nobel. Ustedes conocen al premio Nobel de Literatura, el anglohindocaribeño V.S. Naipaul. Es un gran escritor. Lástima que no lo invitaron a la Feria del Libro. Me imagino las cartas de protesta que hubiera motivado de parte de los defensores del modelo de embrutecimiento inclusivo. Y es un viajero. Escribió, además de sus novelas, libros sobre la India, los países musulmanes, sobre su recorrido por países africanos. Vino tres veces a la Argentina: en el ’72, el ’74 y el ’77. Tenía un gran amor “en” más que “por” esta tierra, una mujer que fue su amante argentina durante décadas. Sus observaciones fueron publicadas en su libro The return of Eva Perón. Habla de los autos asesinos al referirse a los Falcon. De la barbarie argentina.
En una nota escrita en La Nación por Rodolfo Rabanal a propósito del escritor recientemente premiado, cita a Naipaul: “Hace unos treinta años –dijo en Estocolmo cuando llegaba para recibir el máximo galardón literario– visité la Argentina. Era la época de la guerrilla. La gente esperaba que el viejo dictador Juan Domingo Perón volviera del exilio. El país estaba lleno de odio. Los peronistas aguardaban el retorno del líder para cobrarse viejas cuentas. Uno de ellos me dijo: ‘Hay una tortura buena y otra mala. La buena tortura es la que se aplica a los enemigos del pueblo; la mala es la que los enemigos del pueblo le aplican a uno’”. Sigue Naipaul: “No pude asistir a ningún debate verdadero, sólo había pasión y jerga política, una jerga mayormente importada de Europa. La jerga transforma la realidad en abstracción y, donde ella se impone, la gente se queda sin causas y entonces sólo existen los enemigos. Todavía hoy las pasiones prevalecen en la Argentina, aniquilando toda razón y estropeando la vida de personas, sin que ninguna solución aparezca a la vista”.
Esta nota se publicó el 20 de diciembre de 2001, en momentos en que el país explotaba una vez más. Han pasado diez años. La jerga continúa. Naipaul decía que le asombraba que en las puertas del cementerio de la Recoleta hubiera un par de hoteles alojamiento. Le parecía una vecindad curiosa.
También lo irritaba escuchar con frecuencia “se la metí bien en el culo” como canto de victoria. Lo dice con candor, ya que la sodomía es parte de los confesados encantos de su práctica erótica (de acuerdo a la biografía autorizada de Patrick French, The World is what it is), pero no soporta la “arrogancia” de la sodomía nacional. Una cosa es sodomizar y otra estar orgulloso de haber sodomizado.

Mitos. La gente de la cultura oficial difunde la idea de que los pueblos necesitan un mito. El que ahora se elabora es éste que unge a Néstor y Cristina como nuevos jefes espirituales de la nación. Esta muestra, pobre, aburrida, gris, mortuoria, vengativa, pecaminosa, es parte del intento de participar del relato mítico que legitime esta nueva fase de liberación.
Estamos acostumbrados a los mitos de fundación. El punto cero regenerativo es un lugar común repetido luego de cada una de las crisis nacionales. Pero estos mitos no son mitos, son sofismas culturosos para autocomplacerse en una lucha ficticia pero con efectos reales, nefastos.
Hacerle la guerra a Mitre, Roca, Sarmiento y Rivadavia en nombre de Néstor y Cristina es una bufonada. El relato puritano y maniqueo de la historia es para uso de dictaduras y sus comisarios culturales. A muchos de estos nuevos pensadores que evocan a los antiguos pensadores les encantaría una nueva tiranía, si es para el pueblo. Claro, para el pueblo de ellos. Es lo mismo de siempre. Lo de hace 35 años pero gastado, farsesco, inútil, berreta.
El desafío de la Argentina no es éste. Es el hambre. La falta de vivienda. La salud ausente. La gente dependiendo de dádivas. La marginalidad creciente. La violencia cotidiana. El narcotráfico. El atraso tecnológico. La corrupción sistémica. La juventud fuera del circuito educativo y laboral. La adolescencia sin instrucción. Los ejércitos privados. El arrasamiento salvaje de nuestros recursos naturales. La demolición de toda autoridad que no se presente como poder intimidatorio. ¿Sigo? Es decir, la sociedad.
Pero no les alcanza, quieren patria, y para eso necesitan traidores. Quien consiga un nuevo traidor es bienvenido. Esta no es una voluntad revolucionaria, lo fue en otras épocas, y para mal. Esto es reacción. La típica y auténtica derecha. La que se escuda detrás del clamor nacional contra lo “neocolonial”. Atraso. Decadencia. Impostación. Uso de los muertos para cubrir mediocridades de unos cuantos vivos.

miércoles, octubre 06, 2010

Las inquietantes fotopinturas de Klemm

CULTURA / ESPECTACULOS › "EL BANQUETE TELEMATICO DE LA PINTURA" EN EL CASTAGANINO + MACRO DE ROSARIO


 Por Beatriz Vignoli

Inquietante: así es la muestra de Federico Klemm que hasta fin de mes puede visitarse en el Museo de Arte Contemporáneo de Rosario (Oroño y el río). Es mucho más desestabilizadora aún que la hermosa galería de retratos o conmovedora elegía barroca en imágenes que es la sala central del Castagnino (Oroño y Pellegrini). Es una producción local, realizada en colaboración con co-curadores de Buenos Aires y aportes de material de la Fundación Klemm.
En el Castagnino se puede ver a un Klemm modelo y musa, ofrendándose a la contemplación de toda una corte de artistas amigos, luchando contra la tiranía del tiempo hasta el último aliento y conservando hasta el fin, si no su deslumbrante belleza juvenil, al menos una inquebrantable gallardía. La vanidad o vanitas, aquel pecado de los antiguos, se asemeja en estos retratos de fin de siglo a lo que es para los hombres y mujeres del siglo XXI: un asunto muy serio. El drama barroco que se ve en el Castagnino es el de Klemm objeto de la mirada, activo y creador, actor elegante, seductor en todas las edades de su rostro. Y también un excelente paseo por estilos del arte argentino de la segunda mitad del siglo XX, en particular el pop de Delia Cancela, Edgardo Giménez y Silvina Benguria. Se lucen los delicados dibujos de Mildred Burton o Mariette Lydys y las impactantes fotos de Humberto Rivas o Marcos López.
Lo del Macro es mayor desafío. Trabajar su elusiva figura de artista inclasificable e histriónico divulgador del arte desde el "reconocimiento a artistas y obras que son resistidas o prejuiciados, situándose en lugares límite, en bordes difíciles de abordar", es lo que se propuso respecto de Klemm el curador Roberto Echen, subdirector artístico del Castagnino+Macro. Es de una cierta sensatez la cautela de este discurso curatorial "borde", bastante más prudente que aquellas sospechosas apologías de Carlos Espartaco, fragmentos significativos de las cuales se incluyen en la muestra: Espartaco habla por ejemplo de "la subjetividad absolutizada" de Klemm, frase que lo define con bastante felicidad. Presentar "el caso Klemm", en toda la amplitud probatoria de sus evidencias y con la mayor objetividad posible: eso es lo que logra esta exposición a través de un montaje sobrio e impecable.
Ya lo suficientemente ígneo es el material presentado. En la planta baja recibe al público un afiche del artista inclinado sobre el féretro de su madre, con una calidad de vestuario, una iluminación y unos ademanes de pasión dignos de una escena de ópera, pero... ¿la escena es verdad, el dolor es real? Frente a ella, en una vitrina, un traje de luces dedicado de puño y letra por Klemm a Rudolf Nureyev lleva cosida una foto del bailarín. ¿Quién fue este hombre, que se emparienta con un artista admirado y teatraliza el que debe haber sido el momento más penoso de su vida? En el séptimo piso, se ven los backlights de su "sala Venecia" y el traje Versace de cuero de víbora con el que posó para el retrato de Rómulo Macció de 1994 que puede verse en el Castagnino. Con tiempo, es posible sentarse a ver el falso documental en el que Klemm, teletransportado por la magia del fondo verde a los escenarios de la pasión y muerte de Vincent Van Gogh, hace una encendida y por momentos incoherente defensa del "suicidado de la sociedad", citando a Antonin Artaud en una hagiografía de mártir que trasluce su identificación.
Si hay una muestra que Susan Sontag tendría que haber visto para fundamentar su teoría del camp, es ésta. El exceso define al camp. Y en esta muestra se materializa lo que inquieta de tal definición por el exceso: ese poder del concepto de "objeto camp" para infundir a todo artista o crítico el terror de pensar cuánto de lo que constituye a una obra supuestamente fallida y a un autor caído en el ridículo no es acaso una posibilidad inmediata en cada artista aceptado por el sistema y en cada obra reconocida como arte. Haciendo relativa abstracción de la valoración estética, Echen y equipo parecen centrar inteligentemente su eje curatorial en esta cuestión de cómo la vida y obra de Klemm (indisolubles, además, entre sí) son capaces de inquietar los límites de la institución arte: ya es bastante con mostrar la obra en las mejores condiciones posibles y dejar que el espectador saque sus propias conclusiones. Y el espectador sigue siendo cruel: una chica estalló en carcajadas al reconocer en Ultima transfiguración a Mirtha Legrand.
Si el Klemm barroco triunfa, el neoclásico fracasa. Lo que le da una leve respetabilidad a toda la propuesta expresiva de Klemm es su coherencia semiótica "mítica", fundamentada en una visión trascendente donde el yo del artista ocupa el lugar central de su mundo espiritual. Klemm se apropia de la imaginería religiosa de la pintura occidental y la traduce a fotomontajes fronterizos, torpes pero intensos, en los que despliega lo que el crítico Donald Kuspit llamaría su grandiosidad narcisista. En las Mitologías del primer piso se puede observar un primer retablo de su Pasión: Ultima cena (1991); Resurrección (1994), y La crucifixión (1996). En estos avatares del héroe, el autor ocupa el lugar de Cristo y su madre el de la Virgen María. Federico y su mamá miran a la cámara. Cabe pensar que si el ego de Klemm hubiera podido ser socializado en vida, habría dado narcisismo primario a toda la República Popular China. Pero hay tal mezcla de ternura y convicción en sus miradas que lo humano del autor se transparenta y conmueve.
En el segundo piso siguen los mitos: Adán y Eva (1995), Narciso y Afrodita (1994), Sansón y Dalila (1994), La Venus de Apolo y Dionisio (1995), con representaciones poco felices. Se destacan en el tercero unos retratos de la madre del artista: Mi madre en las rocas (1992) y el majestuoso Cristales de Moravia (1994), donde la bella mujer asume un rol demiúrgico. Se agradece la llegada del collage digital a partir del cuarto piso, que despliega unos dúos homoeróticos inspirados en la traición de Judas y la duda de Tomás, donde cabe resaltar por su síntesis al titulado Heridas y secuelas III (2000). Los modelos anónimos que hacen de mendigos en Ultima transfiguración (2000) se repiten en La mirada y su rotación (2000) y, tras un olvidable quinto piso que reitera el motivo de Sansón, el sexto ofrece una entrañable galería de retratos de amigos, realizados a comienzos de los años noventa, donde sorprende por su cualidad onírica el de Mildred Burton y por su raro hieratismo intimista el de Jorge Romero Brest. El de estos retratos es el mundo cortesano porteño de los vernissages de los tiempos de la pizza con champagne. Y, por supuesto, el Autorretrato (1990) es el mejor.
Entre los fuertes gestos de la planta baja y el enloquecido discurso del séptimo piso, se tensa así un arco de "fotopinturas" de Klemm que son asombrosamente coherentes con los mismos. Y que desde el punto de vista estético y el técnico, independientemente de su despliegue de producción (modelos en estudio, gran formato, trucos digitales astutos o no tanto), configuran un arte al que no cabe calificar en general sino de fallido. Es demasiado evidente la contradicción entre los modelos mitológicos del período manierista de la historia del arte a los cuales con grandes ambiciones artísticas apela Klemm y la tosquedad (modelos contemporáneos "perfectos" en gestos rígidamente teatrales, reiteración de tríos de figuras, seres gratuitamente voladores, fallas técnicas, caprichosas composiciones de desnudos) con que resuelve cada trabajo. Y sin embargo, a la luz de obras más recientes (es imposible no pensar en los videos deliberadamente bizarros de Mauro Guzmán, que de algún modo "formatean" la visión de Klemm hoy), la de Klemm vale, si no artísticamente por sus logros, teórica y críticamente por sus fracasos, que orientan la reflexión hacia la fragilidad de los límites del arte. O sea: el que se crea libre del ridículo, que arroje la primera piedra.

jueves, septiembre 09, 2010

Arte burtoniano en el subte B

En la estación Dorrego de la línea B de subterráneo, el andén norte está acaparado por la obra A 3 niñas argentinas inmoladas: Gimena Hernández, Nair Mostafá y María Soledad Morales de Mildred Burton.


La obra data de 1991 y es un mural cerámico, de 500 x 120 cm.





El mural contó con la colaboración de A. Passolini y S. Sundblad.